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El nuevo IEB Report analiza el papel de las redes sociales y el Big Data en la resolución de crímenes

Descarga el IEB Report 3/2017 
El Instituto de Economía de Barcelona (IEB) ha publicado una nueva edición del IEB Report titulado ‘La economía del crimen: estado de la cuestión y retos actuales’, que está dedicado al análisis sobre los costes de la delincuencia y el uso de las nuevas tecnologías y el Big Data para la resolución de crímenes. “En un contexto en el que es necesario generar conocimiento multidisciplinar sobre el complejo tema de la delincuencia, los economistas, a través de herramientas de la hard science, hace más de medio siglo que estamos centrados en la tarea de intentar entender el complejo fenómeno de la criminalidad”, destaca el investigador del IEB y editor del documento, Daniel Montolio.
En este proceso, las redes sociales y el Big Data se han convertido en dos elementos fundamentales para la identificación de las causas de la delincuencia y la resolución de crímenes. Así lo apunta el investigador de la Research in Spatial Economics (RiSE), Juan Carlos Duque, en su artículo ‘El uso de las redes sociales y los datos masivos en estudios académicos sobre la delincuencia’. “A nivel mundial, hay un total de 2.789 millones de usuarios activos en redes sociales, es decir, un 37% de la población mundial que ofrecer una fuente de información valiosa sobre su perfil, preferencias, localización, actividades cotidianas, percepciones, entre otras cuestiones”, apunta. Duque asegura que estas nuevas fuentes de información “dan respuesta a nuevas preguntas de investigación que, sin ellas, son difíciles de resolver”.
El investigador también apunta a la utilización del Big Data para definir las causas de la delincuencia. Para hacerlo recupera la investigación del académico Jorge E. Patino ‘Remote Sensing-Based Measurement of Living Environment Deprivation’, que se valió de la información a tiempo real ofrecida por aplicaciones como Google Maps, Google Street View o Waze para ponerlas en relación con las tasas de homicidios en la ciudad colombiana de Medellín, así como las estadísticas socioeconómicas del censo y las encuestas de calidad de vida. Gracias a las imágenes de satélite, el informe identificó las estructuras urbanas “orgánicas” de la ciudad y las “geométricas”, para demostrar como los diseños urbanos más desordenados se asocian directamente a mayores tasas de homicidios. Esta misma metodología se ha utilizado en los últimos años para la delimitación en el espacio de barrios informales en ciudades como Buenos Aires (Argentina), Recife (Brasil) o Liverpool (Reino Unido).
 
Big data para la predicción de delitos
El profesor de la Università degli Studi di Bergamo, Paolo Buonanno, incide en la importancia del Big Data su artículo ‘La importancia de los datos para el análisis del crimen”. En este caso, Buonanno muestra diversos casos en los que la gestión de la información sirve para la predicción de delitos. “La innovación tecnológica en la policía ha hecho posible predecir el comportamiento de los delincuentes. Tener acceso a información detallada sobre el cuándo y el dónde tiene un valor incalculable para predecir y prever la delincuencia”.
En este sentido, el investigador apunta que “varios departamentos de la policía de los Estados Unidos y de otros países han empezado a explotar con fines predictivos el gigantesco contenido informativo de los datos sobre los delitos cometidos. Una revolución tecnológica que es fundamental para el diseño de políticas públicas, ya que puede contribuir a asignar las fuerzas policiales en el espacio y en el tiempo de forma más eficiente”.
El coste de la delincuencia
Otra de las ramas de investigación de la economía del crimen es la cuantificación de los costes de la criminalidad, y es en este ámbito en el que se centra la aportación de la investigadora del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Laura Jaitman, ‘Los costes de la delincuencia en América y el Caribe’. Según los datos de la autora, los países latinoamericanos acogen a menos del 9% de la población mundial, pero acumulan el 33% de los homicidios del planeta, con una tasa de homicidios de 24 por cada 100.000 habitantes. Una estadística que multiplica por cuatro la media mundial y por 20 la de España.
Jaitman recurre a la literatura sobre la cuestión para identificar tres tipos de costes ocasionados por la criminalidad: “el gasto público en seguridad, que incluye los servicios de policía, la justicia y la administración de prisiones; el gasto en seguridad de empresas privadas y los costes sociales de la delincuencia, que incluyen los ingresos que dejan de percibirse por la generación de víctimas, y los ingresos que deja de generar la población reclusa.
En este sentido, las estimaciones indican que la delincuencia cuesta a los países de América Latina y el Caribe un 3,5% de su PIB. En términos monetarios, 236.000 millones de dólares o, lo que es lo mismo, 300 dólares per cápita por cada país. “Esta cantidad equivale a lo que la región gasta anualmente en infraestructuras o, aproximadamente, al total de ingresos del 30% más pobre de la población”, resuelve la investigadora.
Del mismo modo, los costes en prevención de la delincuencia son mucho mayores al de otras partes del mundo. “La región cuenta con 300 policías por cada 100.000 personas, en comparación con los 200 destinados en Estados Unidos”.
El informe de Jaitman también ofrece el detalle sobre qué países de la región presentan los costes derivados de la delincuencia más altos. Así, mientras que el coste económico supera el 6% del PIB en estados como Honduras o El Salvador, el porcentaje no llega al 2% en México.

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